Turismo de interior I: Centre Pompidou Málaga

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Desde el 2015 el panorama artístico y cultural de mi ciudad natal, Málaga, cuenta con la controvertida contribución del Centre Pompidou, una de las dos únicas de estas instituciones a nivel mundial, siguiendo a su homónimo en París. Su estructura más visible, un cubo translúcido de grandes dimensiones que recuerda al puzzle de Rubick y que aparentemente no cumple función alguna, se yergue sobre el cemento gris de una de las zonas más vomitivamente turísticas de la ciudad, a pie de puerto, augurando quizás la esencia de su contenido, haciendo eco de la diversidad artística que hospeda, convirtiéndolo en uno de los lugares más pintorescos, y sin ninguna duda, en el menos convencional de los museos de la conocida como milla de oro artística.

Lapidado a críticas por los más conservadores, el Centre Pompidou no se salva de desafortunadas menciones a la aparente laxitud, falta de consistencia, y popularidad sensacionalista que mancha su estatus como museo. Claro que si se viene con la predeterminación de visitar un mero espacio expositivo organizado cronológicamente, uno está condenado a salir por las puertas del recinto decepcionado, e incluso indignado. Pero si se observa desde otro ángulo, puede decirse que lo que el Centre Pompidou pretende no es hacerse un hueco o un nombre en el mundo del arte como se entiende tradicionalmente. Si acaso, se une a las múltiples voces que cuestionan en coro las barreras del arte. O, con más exactitud, las representa. ¿Es arte aquello que produzca una sensación más bien desagradable? ¿Es arte el testimonio cinematográfico de un asesinato? Y si no, ¿Por qué sí lo es las imágenes de una mujer desgarrándose sistemáticamente las cutículas con una navaja sobre un cuenco de leche fresca? ¿Es que hay algo más allá de ese sentimiento de inquietud que nos insta a apartar la mirada? ¿Qué vale? ¿Todo vale? El objetivo del centre Pompidou parece ser la celebración de la actividad artística por medio de la creación de un espacio único, conmovedor, incómodo. Quizás es esa sensación de incomodidad el germen de la misma creación, en cuyo caso el Centre se convertiría, me atrevería a decir, en la fuente viva de una inquietud sospechosamente constructiva que se contagia al visitante.

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Obra Barbed Hula de Sigalit Landau /Victoria Castillo Ávila

 

                         La importancia de los vínculos: La tríada “contenido, continente, observador”.

Uno de los rasgos distintivos del Centre Pompidou es la re-creación de las obras que lo componen por medio de los pulsos, las sensaciones y, por último, de la percepción del observador. Diferentes ritmos y ambientes dominan las diferentes salas. En algunas, el tiempo parece detenerse casi por completo, solo conservando una diminuta rotación apenas perceptible al ojo humano, pero arrolladora para el ojo interno, el ojo sensible del observador. En otras, la materia parece suspenderse en el aire, como esculturas de polvo, y el peso del movimiento se traslada al visitante. En todas ellas, sin embargo, el espectador cobra un papel crucial. Las salas se transforman en las recámaras perpetuas de un tour interactivo que solo proporciona acceso a la cámara siguiente con la condición indispensable de la implicación del visitante. Esto es, el significado de las obras nunca está completo sin la reacción, la complicidad – en ocasiones el desapego del este en relación a la experiencia audiovisual. La relación entre la pieza y el espectador constituye en sí una nueva faceta de la obra de arte. En el Pompidou, la obra de arte trasciende la materia y su forma sobre el lienzo. Los vínculos, a veces invisibles, construyen el museo más allá de sus barreras físicas. La delimitación temática entre habitaciones deja de ser únicamente una resignada distribución del espacio para convertirse en el testimonio de los lazos intergeneracionales, intergenéricos entre autores.

                        El museo como obra de arte

El Centre Pompidou instaura un nuevo concepto de museo, en el que el todo es mucho más que la suma de las partes. El museo cobra vida y se transforma en una obra de arte en sí mismo, estructurándose en torno a una idea, un concepto y haciendo suyos todas y cada una de las instancias, de los lugares, de los recovecos, persiguiendo al visitante hasta la misma puerta del baño, vigilando sus pasos a la entrada del recinto, convirtiéndole en arte, recordándole su omnipresencia a cada movimiento. La obra es usada, convertida en arma, en condena al espectador, que se ve forzado a contemplar, a experimentar. El centre – que no museo-mausoleo – Pompidou cuestiona de nuevo la esencia de la creación artística, y la afirma quizás con la misma vehemencia. No se limita a ser con pasividad, sino que interactúa y se transforma, se define con cada mirada. Existe una integridad compacta, una completitud propia del pop art que envuelve a este proyecto.

                         Atemporalidad comprometida

Aun así, la obra dentro del Pompidou nunca se toma la licencia ilegítima de obviar su contexto, tanto histórico y cultural como psicológico. Desde David Bowie prestando su imagen e interpretación a una obra de Oursler (Switch) y confiriendo al museo una gran riqueza documental, icónica, hasta el centenar de figuras plateadas que oran en el meridiano del museo, recuerdo de los cuerpos de decenas de estudiantes de bellas artes de la Universidad de Málaga que constituyen el Ghost de Kader Attia y establecen un lazo autóctono con la ciudad, pasando por el terror infantil de Jean Tinguely, plasmado en su perturbador Autoportrait, todas las obras del museo nos recuerdan que la atemporalidad a veces es un defecto y no una cualidad de la exhibición artística. La contemporaneidad hace al arte fugaz pero intenso, mientras que un museo obsesionado con la inocuidad contextual acaba por momificarse.

Al salir, me topo con un mural de impresiones. Entre un mar de “gracias”, “bonito” y “good bye” ‘s, un gran post-it rosa chicle captura mi atención. La palabra “perturbador” mancha su centro con caligrafía dudosa – No me queda otra que sentirme identificada.

 

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Entrada al Centre Pompidou /Victoria Castillo Ávila
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Obra de Annette Messager Les repos de pensionaires /Victoria Castillo Ávila
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Visión interior del cubo multicolor del Centre Pompidou /Victoria Castillo Ávila
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